domingo, 2 de junio de 2019

Primavera Sound 2019 - sábado

Sábado, último día, el fin del dolor de pies está más cerca. Ayer me preguntaba a quien me encontraría al entrar. Sin quedar. Pues llegué con el tiempo justo de ver a Retirada! empezados y me metí adelante y voilà, la pareja formerly known as los barones, ¡viva! Un pitchfork no muy lleno, pero que les arropó con todo el cariño que se han ganado por lo majos que son, además de por su propuesta musical que, por lo que sea, a mí me flipó desde la primera vez que los escuché, creo que en un hip hip ultra (el programa de radiotube de Ultra-Local Records, la mejor tienda de discos del mundo). Me dolían los pies y los gemelos y me puse a dar saltos, no hay manera, pero es que Animales, que es su Mr. November, es tan brutal en directo que no lo puedo evitar. Medio euro de cerveza al suelo. 


Si este año llevaba poco estudiado el cartel, lo de ayer era un páramo. De Retirada! a Shellac no tenía nada, así que a mediodía me puse un vídeo de cada grupo. Daymé Arocena. No llegué a ver el vídeo entero, la marqué en fosforito. ¿Una cantante cubana a las seis de la tarde? Póngame dos. O cuarenta. Qué poderío, qué voz, qué manera de moverse, qué manera de meternos en el concierto, de hacernos cantar, de regañarnos por no cantar más alto, regañarnos por no saber mover las caderas, a ver, mami, que som catalans! som uns avorrits i ballem com si ens haguessin enfilat un pal d’escombra pel cul! Rumba, bolero, mambo, pasados por un filtro jazzy, una maravilla. Triunfó.


De ahí acompaño a mis amigas más folkies a ver a Miya Folick a un escenario que casi se cae al mar, pero no me llega y tengo otro grupo en Built to Spill así que me piro. Virgen de la caminata. Built to Spill bien, de fondo mientras el barón me vende la moto de Shellac. Que no los he visto nunca, la broma infinita, y como este año los han puesto en escenario principal y no me solapan con nada, ya había pensado en verles, poner remedio. El barón me dice que hay que verlos en primera fila, que sino no es lo mismo. Vale. Venga. Primera no, segunda, frente al batería. Buaaaaa. Qué locura. El pogo tardó un par de canciones en desatarse y pudo haber sido peor, pero tuvimos que saltar para salvar la vida. Me fliparon, y sí, la clave estuvo en verles allí, en el meollo, viendo los trucos del batería, como tamborileaba con los dedos además de la baqueta, sus gestos, cruzar las miradas con los tres, que Steve Albini nos dijera que éramos la audiencia más sexy y guapa y que follaría con todos y cada uno de nosotros, que seguro que eso se lo dice a todas las audiencias, pero nos lo creímos. Una conversa más. 


Cenar al lado del mar, bien de viento y humedad y hoy no llevo cazadora, y tirando para Rosalía, viva el mainstream. Viva Rosalía. Me cae bien, me la creo cuando dice que nos quiere, que le hemos dado amor, lo que sea. Me la creo. También me creo los chillidos de sus fans, ni los Beatles, tú. No me puso a bailar a la primera, fue poco a poco, pero acabé bailando y gozando, queriendo ser una de su coro. Caí rendida a sus pies, ya está. 
Lo que vino después fue un poco descafeinado. Tres canciones de Jarviss e irme con la pareja formerly known as the tortoletts a Neneh Cherry para arrepentirme de no haber ido antes. Está en plena forma, llevaba una banda de lujo, que había hasta un arpa en el escenario, y nos hizo bailar y disfrutar. Ah, y diez puntos por tocar el “Seven seconds” a mitad de repertorio. 
Subimos a Primal Scream y aunque falta un rato el primavera está ya a reventar. Id todos a J Balvin, new normals! Concierto decepción porque quizá fue nuestra ubicación, pérgola muy escorada a la derecha, igual el sonido no llegaba bien, pero sono apagado, esmorteit, sin volumen, como si tocaran en el fondo de una piscina. Empezar con “Move on” es empezar fuertes, y tocaron todas las que esperaba que tocaran, y bailé y sonreí, pero fue descafeinado. 
Momento marabunta al ir hacia Stereolab, llegué a temer que no cupiéramos todos. Pero sí, cupimos. Grada jove, levantarme a bailar French disco y gritar la resistance!, quedarme de pie un rato, volver a la grada jove. No soy tan fan de Stereolab. 
Róisin Murphy, regular de lo suyo. Conserva la voz y sus canciones me molan, pero se le va un poco. Empiezan las desbandadas y hasta yo me iría, que hoy hay metro y no hay que fight for your right to taxi, pero aún puedo hacer que me duelan un poco más los pies. 
Grada jove en Modeselektor, qué horror, ¿de verdad hay que jugarse la propuesta a la carta de los graves? Pero no hay mal que cien años dure, y terminan, y se ponen a pinchar dos señoras, Dj Rosario y Sama Yax, y la sesión es bailonga y descubro que me duelen menos los pies si bailo, y allí nos tienes, que nos amanece, y el confeti y las cintas, el escenario ya estaba invadido antes de que empezaran, y nos vamos antes de que acabe del todo para no salir con el gentío. Foto al mar, a las 5:53, y a casa. 

Thank you for coming, see you in twenty twenty.


sábado, 1 de junio de 2019

Primavera Sound 2019 - viernes

Un viernes de primavera que empieza entrando justo detrás de mi querida Ana sin haber quedado. Un buen augurio. Tenía intención de llegar a Lucy Dacus y de allí pasarme a Snail Mail pero el infierno está lleno de buenas intenciones. Que estas crónicas no se escriben solas. Llegué para ver a Pond ya empezados, petando un adidas soleado y aireado. Me gustaron más de lo que esperaba, versión del “Ray of Light” de Madonna incluida. Siguiente parada en la ruta, Beak>. Palabras mayores. Muy mayores. Capas y capas de bucles sonoros hipnóticos. Me tuvieron una hora revalidando mi bio de tuiter. Solapaban con Julia Holter y Kurt Vile y ahora sé que no pude elegir mejor. Escuchadlos, vedlos en directo.
De vuelta al adidas, vemos a Fucked Up desde el lateral, bien pero sin alardes. De vuelta al primavera, ¿cuántas veces subí y bajé ayer las escaleras de la fotovoltaica? para Jawbreaker, grupo del que no conocía nada y cuya propuesta rockera basta para que vea el concierto casi entero mientras ceno y saludo a unos y otros y hay desbandadas hacia Janelle Monae y yo me desbando al final a ver a las Chai, unas japonesas que vestían todas igual y gritaban todas igual con un tono estridente rompe copas de cristal y que guitarreaban de lo lindo e hicieron un par de versiones, la que más me gustó no la recuerdo, cosas del directo, y la otra de Abba, y no podía parar de reir, con ellas, y reir es un criterio que no suelo usar para valorar un concierto. Que si lo hubiera visto entero quizá no me habrían gustado tanto, pero esos diez quince minutos fueron una fiesta.
Esperamos a Aldous sentados en el suelo del pitchfork, asfalto recalentado y limpio, qué bien que por fin hay vasos reciclables y no hay la marea de vasos de plástico de los que buena parte, en esos escenarios, acababan en el mar. En mis horarios Aldous Harding tenía que haber salido a las 22:40, en la app vemos que a las 23:05. Quince minutos sentada esperándola fue todo el rato que estuve sentada ayer. Así tengo los pies, reclamando amputación. 
Aldous. Madre mía, madre mía. La primera canción la tocó con la banda, un tema folkie y animado, y en la segunda va la tía y se sienta en un taburete y nos toca una canción acústica, ella sola, y tienes que ser inmensamente buena para que la gente alrededor se vaya callando, o yendo, pero esl grueso resistió, yo resistí, decidí meterme en el concierto, intuí que si me metía podría ser uno de los directos del día, y buff, vaya si lo fue. El susto que nos pegó con un subidón vocal a las tres que nos quedamos extasiadas todo el concierto fue de lo mejor que me (¿nos, Cris del hilo sin hilo? què hi dius?) pasó ayer. Qué locura. Sublime.


En cuanto terminó, sacrifico Low, que los vi en octubre y dudo que en un festival aquello se pueda mejorar, para volver al adidas a Amyl and the Sniffers. Pasar del éxtasis hipnótico a los saltos punk en menos de cinco minutos, esa es la grandeza de un festival. Qué actitud, qué jefaza Amyl, qué buenos los chicos, qué todo.


La siguiente parada es Kate Tempest. No le presto la atención que merece. Porque para disfrutarla hay que estar atenta a las letras, y a estas horas y desde el lateral del rayban, es complicado. En alguna canción me meto, pero no soy la única que no entra y hay desbandada general, en distintas direcciones. La mía, team Robyn. El mismo team que vimos a Lorde el año pasado más Mireia jefaza Pería. Nos quedamos en el mismo sitio, entre los dos escenarios, viendo el concierto por las pantallas, viendo a Robyn de rojo contra un escenario en blanco y negro, magnífica escenografía, y bailando lo más grande. Momentazo cuando empezó aimindecorneruachinyuquisjer y se calló y paró la banda para que solo se nos oyera desafinar al respetable, y luego parecía que no la volvía a arrancar, “dale Robyn, que esta es la segunda canción más esperada del día tras “Call me maybe””, Mireia dixit, y sí, la arrancó y yo estoy muy mayor para dar tantos saltos y tantas vueltas con los brazos en molinete, suerte que solo es un concierto por Primavera. #teamRobyn forever. 
Vamos hacia donde está Tim Burguess pinchando, llegamos y hey boy, hey girl, superstar dj, es 1998, a favor. Pincha guay pero el teamRobyn se va a dormir y yo me voy con el otro team, que están viendo a Kokoshca plays Las Grecas con el indie patrio como las ídem, pero allí dentro hace un calor insoportable y huele regular tirando a mal, así que me piro. Son casi las cuatro, pillamos la última de Mura Masa, nos aburrimos con Peggy Lou. En cuanto llega el equipo de Kokoshca y se hacen las cuatro y cuarenta nos piramos.

A ver a quién me encuentro hoy al llegar. 

viernes, 31 de mayo de 2019

Primavera Sound 2019 - jueves

Un jueves del primavera que empieza con mi amiga Laura de Madrid tocándome el hombro mientras la de seguridad me revisa el neceser de los pintalabios y los dátiles no puede empezar mejor. Son las cinco de la tarde y la solana, pero el objetivo es el auditorio. Julien Baker llevará cinco minutos de concierto cuando me siento, y hay un silencio catedralicio. Ella sola con el ocasional acompañamiento de una violinista se basta y sobra para aplastarte en la butaca, hacer que se te encoja el estómago y llores en alguna canción, y a mí me cuesta mucho llorar en un concierto. ¿Mi número uno de ayer? Probablemente. 




De allí a Soccer Mommy, bien pero sin tirar cohetes. Cohetes tiró Christine & the Queens, pero vayamos por partes. Soccer Mommy. Eso, guitarreros, ella bien aunque el estilismo mal, pero no fue memorable. No sé, igual debería conocer mejor las canciones. Volveré a eso de conocer o no las canciones. Sigamos. Asomarse a una canción de Stephen Malkmus no es bailar, pero es que hay que llegar a mordor, que está lejos, y Big Thief desde el corralito populacho vale la huida. Big Thief, buf. Segunda vez que les veo, segunda vez que les da el sol en la cara y se me antoja que les pegaría más la oscuridad de una sala, pero qué grandes. Muy muy bien. Qué delicadeza y qué intensidad.



De allí me vuelvo a la comarca, en el adidas están tocando unas japonesas kill bill, Shonen Knife. Un japonés que conocí en Vietnam, Aki, y con el que mantengo contacto virtual, me dice que son a living legend. No sé si son living legend, jefazas punk, un rato. Lástima no haber visto más. Del adidas al primavera, que nos han hablado bien de Christine & the Queens. Cohetes, confetti y más pólvora que en un correfoc para una propuesta pop que no es lo mío. Parece una gala de OT, dice un amigo. La concentración de mamarrachismo festivalero y que no nos está haciendo bailar, que es lo que supone que debería, hacen que duremos tres canciones. Hablo en plural pero no aclaro que he visto el primer concierto sola, el segundo con una gente, el tercero con otra, a las Shonen Knife me he ido sola para encontrarme con otro grupo, que es con el que veo a Christine y nos vamos a Courtney Barnett. Este grupo de amigos me abandona y me encuentro con otra amiga para ver a Courtney sentadas en el césped artificial de mordor, en una localización que normalmente estaría abarrotada, a the new normal no le debe de gustar el folk rock guitarrero de esta mujer. A mí me gusta, mucho, pero cosas de la vida le presto la atención justa. Necesitaba sentarme un rato. Necesitaba contar algunas cosas. 



Esta amiga y yo nos encontramos a los amigos de mis segundo y tercer concierto y nos subimos al escenario primavera a Guided by Voices. Virgen de la caminata strikes again. 
GBV no parece que convenza al grueso del grupo pero a mí me han enganchado desde la primera canción. Pocket legends dice el libreto del festival. Jefazos, digo yo. Canciones cortísimas, de las que no te da tiempo a aprenderte el estribillo porque no se repite, que me hace dar saltos e intentar cantar unas letras que no conozco. Lo que decía antes de no conocer las canciones, y copio lo que decía en tuiter la amiga que sí se queda conmigo a verlos, conocer las canciones es un plus, pero cuando una banda tiene chispa, garra, eso que te atrae, da igual que no las conozcas. Me recuerdan a Teenage Fanclub, salvando todas las distancias que haya que salvar, también a los Poises, el power pop es lo que tiene, y los disfruto enormemente y sí, salto y coreo you can never be strong yo can only be free cuando tocan "Game of Pricks" la penúltima.




Me quedo sola. Intento ver a un par de amigos que se van, pero no nos encontramos. Paso de bajar a Erykah Badu porque me cae mal después de Eaux Claires, no me lo tengáis en cuenta, cosas mías. Contacto con otros amigos a los que tampoco he visto aún. Me asomo a Dirty Projectors, que por alguna razón había descartado en mi poquísimo estudiada ruta de este año, y oye, mal descarte. Veo dos canciones, bajo al pitchfork a buscar a estos amigos, volvemos a Dirty Projectors, el rayban también está vacío the new normal. 



Otro par de canciones, ellos se van a Charlie xcx y yo me vuelvo a bajar al pitchfork a Empress off, con los amigos con los que ya me iré, tras Empress off, me dejan tan fría como el viento que sopla, tras Jarvis que no se pincha a sí mismo y fatal, y tras Nina Kravitz (¿es la hija de?) que pone tralla techno de bajos provocadores de arritmias, un horror. 
Son ya las cinco menos cuarto, ¿vamos tirando para el metro?

jueves, 30 de mayo de 2019

Primavera Sound 2019 - miércoles

Un primavera que comienza cruzándote con Justin Vernon a la una y media del mediodía, cuando sales de la oficina desde la que has visto cómo iban montando las gradas, las barras y los escenarios de mordor y en lugar de ir a casa que ya te pondrás la pulsera por la tarde cuando vuelvas decides que no, que te hace ilusión ir a ponértela ahora, justo después de poner el aviso de “no me busquéis hasta el lunes” en el email, y vienen caminando hacia ti por el passeig del Taulat un par de guiris, uno más rubio y más pálido que el otro, altos, y justo cuando pasan a tu lado te das cuenta de que es él, y aunque no vaya con Aaron Dessner mylove, te tiemblan las manos y tienes que enviar un audio de whatsapp al grupo de las petardas, de lo nerviosa que te has puesto, 45 años tengo, un primavera que comienza así pone el listón muy alto.


Volver al Fòrum a las seis, esa primera cerveza en vaso de plástico, bien jugado ahí, primavera sound, con los vasos de todas las ediciones, alguien que guarda todas las tarjetas, pulseras, folletos y libros ya sabéis qué va a hacer, comprarse uno de cada, eso va a hacer. Suena Hatchie, y suena muy bien, pero ya se sabe, el primer día se socializa. Aunque sea un primer día inaugural y de calentamiento, y aunque hoy jueves llegue otro pelotón de gente a la que saludar. Damos alguna vuelta, hablamos con gente, nos perdermos, nos volvemos a encontrar, todo para hacer tiempo hasta Big Red Machine, el proyecto de Justin Vernon y Aaron Dessner, acompañados en esa ocasión de Bryce Dessner alsomylove, Brad Cook, Julien Baker y otra chica que en instagram es @bellaicecream. Proyecto experimental, deudor más del último disco de Bon Iver que de las guitarras de The National, aunque estas también hacen acto de presencia, especialmente cuando se incorpora Bryce. No estamos cerca, seguimos el concierto más por las pantallas que mirando al escenario, y hay gente hablando, pero me meto en el concierto, me abstraigo, y me dejo llevar. Qué maravillosa forma de empezar. 



domingo, 26 de mayo de 2019

Propietaris i llogaters


Vaig llogar el primer pis a Barcelona al setembre de 1993, amb quatre amigues més. Un cinquè pis a un edifici dels setanta, façana de ferro i vidre, al xamfrà de Mallorca amb Muntaner. El contracte el vam signar tres, na Diana, ara no recordo si n’Isabel o Cristina i jo. El pis el vam buscar na Diana i jo, això segur. Necessitàvem un pis gran, i a poder ser, amb cinc habitacions. No va poder ser, això de les cinc habitacions, però la que seria doble i jo vaig compartir amb una o altra dos anys, els dos darrers ja només vam ser quatre, era enorme. Era un pis car, per l’època i el que solien pagar els estudiants: no més de 20.000 pessetes (uns 120€), despeses apart. Això d’un inquilí que lloga i es fa càrrec de tot i relloga i hi guanya encara no es portava, o ho evitaves sent un grupet organitzat. El nostre lloguer era de 125.000 pessetes, uns 750€, per un pis que passava dels 100 m2, amb quatre habitacions, una molt gran, un menjador amb taula on encabir-hi fins a dotze persones i zona de sofàs, i tele, calefacció central, cuina equipada. I porter, el senyor Manolo. Pagàvem 25.000 pessetes cadascuna, uns 150€, i alguns amics ens titllaven de pijes pel “despilfarro”. 
La primera setmana vaig dormir fatal, els llits de l’habitació doble tenien els somiers fets caldo. Vam trucar la mestressa, la senyora Berta, per queixar-nos. En tres dies teniem somiers i matalassos nous a tres habitacions. 
El sofà del menjador estava desfonat i pollós. Ens vam tornar a queixar. Ens el va canviar. 
Per aquells finestrals que anaven del terra al sostre i de paret a paret entrava tot el sol del matí, aclaparador, i a l’estiu la calor ofegava. Li vam demanar cortines d’aquestes “Foscurit”. Les va posar.
El tercer any que hi érem va petar la caldera de l’edifici i els veïns van decidir no reparar-la i que cadascú se la posés individual. En una semana ja teníem instal·lada la caldera de gas natural. Al nostre pis i al del costat, que també era de la senyora Berta i també el llogava a estudiants. Les noies del tercer primera, a qui haviem conegut perquè una era del Cortina de la Pobla, i ma padrina havia anat a estudi amb la seua, o alguna cosa així, van passar l’hivern sense calefacció, tot i haver llogat un pis amb aquesta condició i no rebre ni una rebaixa en el lloguer en compensació.
La senyora Berta feia coses que suposo avui no toleraríem en una mestressa: venia cada mes a cobrar el lloguer i el telèfon. En aquella època de fixes el telèfon va seguir a nom seu. Nosaltres anàvem posant diners a un pot, calculant què costava cada trucada que féiem segons les tarifes de Telefónica, l’empresa ara coneguda com Movistar, i quan arribava la factura ho acabàvem de quadrar. Ella venia, feia la repassada visual a l’estat de la casa, cobrava i marxava. Vivia a la mateixa illa de cases, al carrer Casanova. Havia comprat aquells dos pisos per les seues filles, per tenir-les aprop, suposem, però en casar-se van preferir mudar-se a Sarrià. No volia famílies, només estudiants, segurament perquè així ens podia cobrar una mica més i perquè una família no li hauria obert la porta cada mes. Li vam agafar estima, i ella a nosaltres. Li vam cuidar el pis, li vam fer fer-hi canvis que el milloraren. Ja deu ser morta. 
Vaig viure a aquell pis quatre anys. Hi vaig conéixer els primers Erasmus. El primer any vam tenir de veïns una francesa altiva, un argentí israelià que es volia lligar n’Isabel, un alemany que no recordo i un italià, Lorenzo, milanès, simpatiquíssim i crec que forrat, que va entaforar més de cinquanta persones al seu menjador per veure aquella final de Champions que el Milan li va fer quatre gols al Barça a Atenes. El segon any van ser quatre amics italians, de Brescia i Verona. Umberto, que li feia ullets a la Sònia, Roberto, que m’agradava a mí perquè era un cantamanyanes amb cua que tocava “Come as you are” i “Wish you were here” amb una guitarra espanyola, Francesa i Fiorella, dos noies maquíssimes que van tenir més paciència que un sant amb ells: quan sortien de fer cerveses al Glaciar les trucaven (a un fixe, no ho oblidem) perquè posessin aigua a bullir per fer una pasta all’olio i menjar abans d’anar a dormir. A partir del tercer any vam quedar-nos Diana, Isabel i jo i vam buscar companys de pis. El lloguer i les despeses els vam pagar sempre a parts iguals. La primera va ser Anneliese i ens vam fer tant amigues, i després del seu xicot, Mark, que vaig anar al seu casament i al bateig dels seus dos fills i encara ens veiem cada parell d’anys. Després Pierre, belga, i Thilo i Andreas, alemanys. A Pierre i Andreas els vaig perdre la pista fa anys però amb Thilo encara ens anem veient. 
Però no venia a parlar dels meus veïns i companys de pis, tot i que podria ser pertinent parlar-ne, com del meu Erasmus, el dia que votem per triar el parlament europeu. El programa Erasmus ha canviat Europa, per a bé, i qui no ho vulgui veure és que no ho vol veure.
Venia a parlar de propietaris decents, que sembla que s’han extingit, igual que els preus raonables. Només sento i llegeixo bestieses de propietaris deixats, que no cuiden els pisos, que neguen reparacions, i que a canvi exigeixen condicions abusives. 
Jo vaig tenir molta sort, però no hauria de ser qüestió de sort. 



sábado, 25 de mayo de 2019

Hi Jauh USB


En octubre de 2017 empecé un máster en Creación Literaria y una de las asignaturas era “No Ficción”. Para esta asignatura había que entregar un trabajo final de 8.000 caracteres, que podía ser perfil, crónica, ensayo, entrevista, etc. y había que investigar, preguntar, hacer trabajo de campo, y presentarlo con el formato de “nuevo periodismo”: proporcionar información verídica, contrastada, de forma amena y entretenida, con las herramientas de la literatura. 
Mi tiempo era limitado, trabajaba ocho horas, de ocho a cinco menos diez, y tres días (o cuatro) a la semana me plantaba en clase de cinco a nueve, y cuando nos explicaron en que debía consistir este trabajo hacía apenas una semana que había ido a la fiesta del cuarto aniversario de Hi Jauh USB, así que decidí que mi trabajo sería sobre eso: explicar qué es Hi Jauh, que se cocía allí, porque aunque tiene más de tres mil socios no deja de ser algo underground desconocido para el gran público. 


Ese iba a ser el trabajo final de esta asignatura y en algún momento a medio trimestre nos hicieron presentarlo a nuestros compañeros. Me llevé mi carnet de socia, hasta pensé en llevar los discos que tengo de grupos de la órbita hi jauh: Gúdar, Neleonard, Tirana, Die Katapult, Señalada. Cuando vi que tenía seis o siete me frené, no iba a pasear discos y singles arriba y abajo. Empecé mi breve y nerviosa presentación enseñando el carnet y cuando terminé con el clásico "¿hay preguntas?", se levantaron tres brazos. “¿Cuándo nos llevás?” 



Dos argentinos, dos peruanos, una brasileña, un colombiano y una mexicana engrosaron las filas de socios entre noviembre de 2017 y mayo de 2018, y algunos de ellos fueron a más de tres y cuatro fiestas.

Hice una entrevista, se la pasé por email a Eloy. Tuvo la santa paciencia de contestar dieciséis preguntas, o más, y no se lo he agradecido bastante. El texto que presenté es lo que sigue. Me pusieron un ocho; me fastidió bastante, esperaba más.

Hi Jauh cerró sus puertas hace apenas dos meses, en teoría de forma provisional, pero quién sabe. Me perdí la fiesta de despedida, me he perdido demasiados hi jauhs, y no me hace falta que pasen los años para saber que ha sido algo especial, único, y alegrarme infinito de haber formado parte de ello.

¿Jaija qué? 

Otra tarde de fiesta en el Hi Jauh!
Los taxis vienen y se van
Tres gatos duermen en el portal 
Suena la campana y a sudar
Las Ruinas, Gabriel y Vencerás. 2015. 

La mejor vista se tiene desde el sofá desfondado, tras la mesa que hace las veces de taquilla. Al frente, el callejón: pasaje Caminal, unos 100 metros hasta la calle Pallars, estrecho; un descampado con tapia a un lado; al otro, la pared lisa de una casa. A la izquierda del sofá, la sala: banderines de escudos municipales colgando del techo, el trencadís de la pared y el nombre pintado detrás del escenario, la barra de madera, la cocina y la campana extractora al lado de la mesa de sonido. Hay que pasar por caja, tres euros en concepto de aportación para los grupos, uno más si hay que hacerse socio. El trámite es rápido: anotar en unos folios pautados nombre completo, dirección de email y DNI. Esta aportación de un euro por grupo se instauró el segundo año: había grupos que venían de Madrid, Sevilla, Huesca, y el bote en el que nadie dejaba nada no pagaba ni la gasolina. Hoy en el sofá está Olivia. Pagamos, nos pone el sello, entramos. Uno de los grupos está probando, una cacofonía a la que Eloy intenta poner orden desde la mesa de sonido y a la que prestamos escasa atención mientras pedimos una cerveza. Elena nos avisa de que han subido el precio, de 1.5€ a 2€. Ya era hora, le digo, a lo que responde sonriendo que sí, pero que ha habido debate.
Hi Jauh USB es una asociación. También llamamos hi jauh al espacio físico que conforman el callejón, la entrada, la sala con el bar y el escenario que solo levanta un palmo, y los dos lavabos al fondo a la izquierda. “Hoy hay hi jauh”, decimos los sábados que hay hi jauh, y si podemos, vamos, no importa quien toque, porque no importa quien toque, estará bien, y no se dice no a un hi jauh. 
Son las seis y media, ya hay entre diez y veinte personas. La mayoría siguen en el callejón, apoyados en barriles metálicos de obra o sentados en bobinas de madera para cables. Hay un hilo de  tabaco en el aire y un regusto de cerveza en el suelo. Socios y socias visten tejanos, zapatillas deportivas, camisas hawaianas, camisetas y bolsas de tela de grupos ignotos, de Ultra-Local Records, de la Fonoteca. Sonríen debajo de sus flequillos, detrás de sus barbas. Se saludan: dos besos, una palmada en el hombro, un gesto casi imperceptible con la cabeza, un abrazo caluroso, según. Algunos parece que pasen lista, y pongan falta. Un niño corretea; otros cruzan la verja situada a medio pasaje sentados en los carritos que empujan sus padres. La convocatoria siempre es a las 18:30 y nunca empiezan antes de las 19:30, ni cuando dicen que serán muy puntuales, pero a todos nos gusta llegar temprano. 
La Associació per la Cultura Independent Hi-Jauh USB tiene presidente, tesorero, vocales, hace actas, lleva cuentas y registra a sus socios, más de 3.500 ya, en un libro. El núcleo duro, los socios fundadores, lo integran Nele (presidente), Nerea, Albert, Olivia, Alberto, Eloy y Elena. Amigos de la infancia que conocen a otros amigos del instituto, en el Baix Llobregat, que vuelven a coincidir en la facultad, pero por encima de todo coinciden en conciertos, en gustos, en inquietudes. Grupos seminales creados en los 90 y primeros 2000, Los Probeta y Los Folguis, se mezclan y explotan en una constelación de grupos. Nele toca el bajo en Gúdar y compone, canta y toca la guitarra en Neleonard, Albert acompaña a Olivia en su proyecto personal, Tirana, y compone y canta en Gúdar, Eloy toca la guitarra en Gúdar y los teclados en Neleonard e Hibernales, Elena toca el bajo en Neleonard y en Die Katapult. Otros grupos se incorporan al universo Hi Jauh ensayando allí, en el piso de arriba (Los Ganglios, Roller Disco Combo y Señalada), o pasando muchos sábados: raro es el día que no ves a alguien de Gabriel y Vencerás, Las Ruinas, Ran Ran Ran, los Doble Pletina y probablemente otros grupos a los que no tengo en órbita. Hi Jauh USB nace como solución al precio excesivo del lugar, alquilado inicialmente como local de ensayo. Los beneficios obtenidos en los conciertos deberían ayudar a financiar este alquiler, pero cuatro años después esto aún no ha sucedido, los tres o cuatro barriles de cerveza que se consumen en un hi jauh, más vinos, vermuts y gin-tonics, no cubren los gastos. 
Como el primer Hi Jauh fue el 28 de septiembre de 2013, la vuelta al cole después del parón veraniego la hacen por esas fechas, y celebran el aniversario. Entre aquel y el de este 30 de septiembre, en que celebran el cuarto, ha habido unos sesenta hi jauhs, ellos mismos han perdido la cuenta, en la que no sé si incluyen los Ultra-Jauh, una noche de conciertos, coincidiendo con las fiestas de Poblenou, organizados desde ese mismo septiembre de 2013 mano a mano con Ultra-Local Records, tienda de discos vecina y amiga,. ¡Amor a primera vista! exclama Eloy al preguntarle por esta colaboración.
La escena underground de Barcelona no es una. Son muchas, dispersas y demasiado a menudo, inconexas. La que se ha creado alrededor de Hi Jauh USB es bastarda, promiscua e intergeneracional. Alberga grupos del extrarradio barcelonés, madrileños que tocan más aquí que allá, referentes de los 90 y jóvenes que no han alcanzado la mayoría de edad. Desde el principio ha habido bandas deseosas de tocar en un garito en el que te ponen el backline y siempre hay público. Hoy tocan VLIVM, de les Terres de l’Ebre, Da Souza, mallorquines, y Retirada!, de Barcelona. 
Suena la campana, el primer concierto empieza en cinco minutos. VLIVM son jóvenes, con una estética anclada en los 60-70, pelo largo, pantalones de campana, y melodías deudoras de los Beatles, la psicodelia y Teenage Fanclub. Tocan francamente bien y consiguen que los que hemos entrado en la sala estemos atentos y callados, cabeceando, se cabecea mucho en hi jauh, y sudando, se suda hasta en enero, aunque no bailes. Entre grupo y grupo, pausa. Para retirar un equipo y colocar otro, para pedir otra cerveza y salir al callejón o no, a fumar, o no, saludar, atender necesidades fisiológicas. Retirada! no van a tocar hoy, Albert (otro Albert) ha sido padre esta madrugada, pero Cuervo ha venido igual. Un parroquiano me comenta que le quieren convencer para que toque, solo. Eso me haría muy feliz porque he venido sabiendo que no iban a tocar, pero yo venía por ellos, es grupo favorito desde que los descubrí gracias a la comunidad hi jauh, de hecho. Da Souza suenan garageros, a medio camino entre Pavement y Teenage Fanclub (otra vez Teenage, desde aquí pido un homenaje como el que se le hizo a Pavement), euforizantes, supervitaminantes y mineralizantes. Una fiesta. 
Cuando acaban se vacía, pero el rumor cobra realidad. Cuervo, a quien le han dado más cervezas de la cuenta, está dispuesto a tocar cuatro canciones. El de hoy tenía que ser el concierto de cierre de gira del álbum Victoria / Derrota, y espero que “cierre de gira” no suene pretencioso, no es mi intención ni la suya, pero no ha podido ser. Yo tenía la secreta esperanza de que tocaran “Un lloc per créixer”, pero en solitario seguro que no caerá. Cuervo empuña su guitarra verde y toca y canta “Aire” y “Planetes”, suenan bien, le ayudamos en los coros, desafina que es un amor, por eso le queremos, y se nota que le faltan los redobles de Albert a la batería, nos faltan a todos, y por fin, en “Animales”, el baterista de VLIVM salta al escenario y agarra las baquetas, y no es la versión épica de “Animales” a la que estamos acostumbrados, con el final furioso en un loop de guitarras y Cuervo aporreando la batería junto a Albert, u, hoy, Blai Subirats, pero ese poco de épica y de furia sacia nuestras ganas de verles una vez más. La última, “Gegants”.
“Otra noche de fiesta en el Hi Jauh! los taxis vienen y se van, ya no quedan gatos en el portal” cantarían Las Ruinas. Nadie va o viene en taxi, en verdad, nos vamos a casa en metro, línea amarilla, “tornant cap a casa, somriure a la cara”, aunque no la hayan cantado los Retirada!.

Andrea Farré Sahún, 14 de novembre de 2017

jueves, 18 de abril de 2019

Clara en Verdaguer

Clara me dejó un 22 de noviembre. Clara me dejó con una llamada de teléfono; fría y distante me dijo que no aguantaba más mis desvaríos. Que era una persona fenomenal, salvo aquellas cosas que para mí eran insignificantes y para ella no. Nada que no hubiera oído ya en otras separaciones. 

Clara era bajita y tenía unos ojos grandes y profundos. Nos costó confesar nuestra edad porque sabíamos que había un abismo. Me doy cuenta ahora que hablo de ella en pasado como si ya no habitara este planeta.

Me gustaba su humor socarrón, su desparpajo, su actitud ante la vida. Una vez me atreví a decirle que había sido mi novia más molona. “Molona”, una palabra que solo puede decir alguien nacido en los setenta. También había cosas que no me gustaban de ella pero siempre las obvié. Eso se hacerlo muy bien cuando estoy enamorado.

Y aún recuerdo cuando nos despedíamos en el andén de Verdaguer y ella se iba a la amarilla y yo a la azul. A veces incluso dejábamos pasar algún tren porque no nos importaba llegar tarde a trabajar, o simplemente porque sabíamos que la frecuencia era buena en la línea azul. Habíamos pasado la noche juntos y yo aún iba flotando camino de Horta pensando que quizá esta vez sí, que había encontrado esa mujer con la que compartiría el resto de mi vida. Porque a mis 46 aun creía en el amor para toda la vida como a los 20, a los 33 y a los 42.

Esta mañana me he vuelto a encontrar con Clara en el pasillo de Verdaguer. He improvisado un “Hola Clara, ¿Como estás?”. He intentado disimular que me moría por dentro. Ella me ha dicho “Hola Jesús, bien ¿y tú?” y luego nos ha engullido la marabunta de las nueve de la mañana y la he visto perderse bajando unas escaleras.


Borré hace tiempo su teléfono pensando qué sería lo mejor. No sé si la veré mas. Ni se si quiero.