jueves, 7 de noviembre de 2013

In-Edit: Mistaken for Strangers


Melodrama* de altura el que se marca el hermano pequeño de Matt Berninger a costa de él y su banda. 

Sin límites claros entre realidad y ficción, aunque parece que hay más de la última que de la primera, desgrana la relación entre Tom, el pequeño-freak-loser, y Matt, el mayor-quarterback-rockstar. 
O nos cuenta la gira de High Violet, en la que Tom hizo de roadie torpón. Entrevistas ¿falsas? a los otros miembros de The National (solo por esos primeros planos de Aaron y Bryce y oir sus voces al natural, agradecimiento eterno - modo groupie de los gemelos Dessner on -) intentando que rajen de Matt.

*Momentos hilarantes. Momentos de sufrimiento al ver lo gañán que es Tom y como pierde los estribos Matt. Momentos de los directos de la gira de High Violet (y sigo pensando que las imágenes de un concierto al principio del documental, cuando están en París, son del Olympia - modo talifán - I-was-there - on), el documental es generoso con las canciones aún y no centrarse en ellas. 

A mí me encantó y no cuento más, o no tendrá gracia cuando la veas. 

http://mistakenforstrangersmovie.com 


sábado, 2 de noviembre de 2013

In-Edit: 20 Feet from Stardom


A walk to the front is complicated. 

He salido entusiasmada de ver “20 Feet from Stardom”. Mucho. He venido a casa a la carrera. Con todas las imágenes, palabras, canciones, rondando por mi cabeza, buscando un orden. No siempre ves un documental en el In-Edit con la sonrisa puesta el 90% del tiempo, ni te la deja en la cara hasta un buen rato después. Inspiring, como dicen los ingleses. Ahora estoy buscando como loca información de las coristas, qué mala traducción de backup singer, o qué mal queda. Corista remite a espectáculo de varietées de posguerra, y nada más lejos de lo que nos muestra este documental. 

20 Feet from Stardom”. Documental clásico, con las protagonistas contando sus cosas y los que tienen algo que decir al respecto, las suyas. En este caso, las protagonistas son las que no lo son nunca. Las que están “veinte pies”, que son seis metros, detrás del grupo, en la oscuridad, cantando uu uuuh aa aaaaah. Los que tienen algo que decir al respecto, Springsteen (¡está casado con una! aunque ni la menciona), Sting, productores, críticos. También sale Bowie, por fin, ya pensaba que en esta edición del In-Edit no lo vería, y eso sería un error incorregible de la organización (modo ironía on). Ah, se me olvidaba, se abre con un fragmento de Walk on the wild side,por lo de “and the coloured girls go doo doodoo doo...”. 

Que estuvieran lejos de los focos no les resta importancia, y esto es lo que reivindica el documental. 
Las -ettes de los sesenta (Ikettes, Raelettes, etc.) daban la réplica al lead singer y sus frases eran las que cantaba el público. 
Especialmente significativo es el caso de Merry Clayton. Sale contando cómo la sacaron de casa cuando estaba a punto de meterse en la cama para ir a grabar con los “Rolling algo”. Grabó los aullidos de Gimme Shelter, “rape, murder, it’s just a shot away” y la canción no sería lo mismo sin ella. En el documental suena solo su voz, atronando por los altavoces de la sala de cine, y es estremecedor. Auténticos escalofríos. Tremenda. 


Video, por llamarle algo, feo, pero la voz de Merry luce esplendorosa. 

También cantó en Sweet home Alabama y por primera vez me he dado cuenta de lo que significó tener coristas negras cantándole al sur racista. Ella no quería, dice que la convenció su marido. "You’ll understand later in life”. Luego da pena ver cómo su carrera en solitario no despegó, como dice otra corista, porque ya había un Aretha. 
Darlene Love, corista atrapada en las garras de Phil Spector, que usó su voz en singles de éxito sin que ella viera un duro (al menos en los 60). 
Lisa Fisher, que desde el 89 acompaña a los Rolling en sus giras, para que Gimme Shelter suene como tiene que sonar. 


También hace coros con Sting y otros, y su voz es un portento, sobrenatural, pero ella, a diferencia de otras, nunca ha querido dar el paso al frente. 
Claudia Lennear, Ikette, cantó con Joe Cocker, y con Delaney and Bonnie (y aquí es donde el In-Edit se cruza, porque estos salen en el docu que había visto antes, y sí, confieso que me he enterado por la wikipedia) y en el concierto por Bangladesh de George Harrison. Era guapísima, lo sigue siendo, un mujerón, y se da por hecho que Brown Sugar está inspirada en ella. 
Y tantas otras, y algún “coristo”, que me dejo en el tintero.

La sorpresa, Claudia Lennear había venido a presentar el documental y al acabar la proyección ha cantado el padrenuestro (porque eso era un padrenuestro, podrían tomar nota unos que yo me sé si quieren atraer fieles) y otra canción, y aunque se le ha escapado algún gallo, ha sido emocionante, ¡creo que si hubiera tenido a Mick Jagger delante en lugar de a ella no me hubiera impresionado tanto!

Muchas canciones, pop de los 60, rock de los 60 y 70, r’n’b, soul, no serían lo mismo sin sus voces. Y ya era hora que alguien se lo reconociera. 


Esto sale, con mejor definición, por supuesto, en el docu. Tremenda intro bailonga de Tina y las Ikettes, entre ellas Claudia Lennear

domingo, 27 de octubre de 2013

Critica de concierto: ChkChkChk (Apolo 25-10-13)

El concierto del viernes fue un concierto nostálgico. Se me cruzaron por la mente conciertos inolvidables con mis amigos y amigas. Sobretodo aquel mítico del FIB en que -sí esa vez sí- lo dimos todo. Pero también la mañana en que nació Gael y yo tenía que decidir que camiseta ponerme y decidí ponerme la de !!!. O la del día que tuvimos que ponerle el nombre al perro y yo dije que sin duda se llamaría Nic, aunque finalemte se llamó Nick y ahora podría decir que es en homenaje al Cave.

Chkchkchk no defraudó, gracias principalmente a la fuerza que imprime Nic Offer en el escenario. Con sus míticas bermuditas, sus movimientos pélvicos y pese a sus zapatos horrendos sin calcetines.

Y sí cantaron canciones del último disco. Un disco un poco más pausado y maduro. Con menos temazos. Pero que en directo apenas se notó. Y la furia y la locura volvieron con los temas de siempre. Sobretodo con Must the moon. Y no, no cantaron Giuliani. Una lástima.

Y Nic nos confesó que le encanta venir a Barcelona, y que no les cuesta nada venir y que nos tiene en su corazón. Y bueno aunque sea por cumplir se lo valoramos porque seguro que algo de verdad hay.

Y Nic bajó varias veces y también permitió que subiera gente al escenario en las ultimas canciones. Publico a dos tercios de sala con una mezcla maduritos y jovenes. Muy en familia y con buen rollo general.

Todos somos más mayores, el grupo y nosotros. Pero nos divertimos como siempre. Por fin un concierto en el que pude bailar. Ganas tenía.

sábado, 5 de octubre de 2013

Eleanor Friedberger



A veces cazas al vuelo una recomendación musical y la fortuna quiere que tengas el tiempo de indagar un poco, escuchar al artista y que te guste. Cuántos nombres he oído por ahí, llevo oyendo por ahí años, y nunca he escuchado un tema. 
A veces pienso que si no los he escuchado es porque no me gustarán. Autoengaño. Tengo pruebas de que eso no es así, lo que pasa es que nunca es tarde si la dicha es buena. Casi nunca. 

A Eleanor Friedberger llego tarde, qué raro. Esta chica, de la edad de mi hermano pequeño, tenía con el suyo, mayor que ella, The Fiery Furnaces, a los que sí llego tarde. Típica banda de la que he leído cosas y nunca me paré a escuchar, que es lo que hay que hacer. Los estoy escuchando ahora y me gustan, mierda. Igual ya no los veo nunca en directo. Pude hacerlo, en el PS2011, tocaron el viernes a las 19:00 en el escenario Llevant a.k.a Mini a.k.a Mordor, pero por vagancia locomotriz vi a Tennis en el ATP

Bueno, al grano. 

Eleanor venía a presentar su segundo álbum, Personal Record, en una gira organizada por Houston Party (algún día os contaré por qué me gusta tanto este sello-promotora), en un concierto conjunto con Bill Ryder-Jones, al que finalmente se sumó Big Summer, que no vimos. 

Bill Ryder-Jones también tenía una banda, The Coral, y ahora va a lo suyo, que son canciones de autor, con buenas letras y buena melodía, pero más aptas para escuchar desde tu sofá que cambiando el peso de una pierna a otra en la 2. Me habría valido con una silla plegable de ikea en la que despanzurrarnos como él. El chico estuvo simpático, presentando las canciones, pidiendo a los tres músicos que le acompañaban ahora sí, cuatro canciones no, que le sacaran cosas del camerino. Toca bien, solo faltaba, y tiene una voz bonita, pero estuvo bien-sin-más. 

Lo de Eleanor ya fue otra cosa. Vale que había estudiado y podía tararear, ¡incluso reconocer! unas cuantas canciones, ¡saqué la mitad del setlist! Conocer un poco lo que vas a escuchar ayuda, pero cuando hay clase y tablas, que se te metan en el bolsillo es fácil. 
Empezó con I don’t want to bother you, y una Stare at the sun acelerada fue la tercera de la lista, quemando las naves. Se lo podía permitir, en sus dos álbumes junta más buenas canciones que en algunas discografías desbordadas. 
A la Saxofonista, la afortunada que se dejó engañar la noche del miércoles para acompañarme, le recordaba a Patti Smith. A mí su voz me recuerda a otra, si me sale algún día ya os contaré, pero no creo que necesite ni merezca comparaciones. Especialmente en directo. Porque si en disco puede sonar austera, cruda, ponderada, en directo es pura garra. La banda acompaña, y las canciones se les van de las manos, gloriosamente, ya sea a base de acelerones, como la mencionada Stare at the sun, guitarrazos o erizantes filigranas vocales, (Other boys, Echo or encore, ¡ay!) o combinaciones de todos estos elementos. My own world, I’ll never be happy again, When I knew, Heaven, She’s a mirror, Roosevelt Island, qué poderío.  
La sala, medio llena, se fue viniendo arriba y cuando al final de My mistakes Eleanor se puso la americana estampada, se colgó el bolso y dejó a la banda acabar su bucle mientras ella se iba a la mesa de merchandising, no sabíamos si ir al asalto o seguir bailando, ¡quería más! 

Hubo asalto, por supuesto, camiseta y CD, y de bonus track me llevé el cartel del concierto, cortesía de Natalia HoustonParty (agradecimientos también para instagram, que permitió la petición). 

Conciertazo de miércoles. Nueva artista favorita para rato. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

No creo en las casualidades



Son “causalidades”, pero casi nunca sé qué quieren decirme. 

El sábado por la mañana terminé un libro maravilloso de cuentos de Alice Munro, Odi, amistat, festeig, amor, matrimoni. Es el primer libro que acabo desde mayo. Yo antes molaba y me acababa los libros ordenadamente, de vez en cuando podían coincidir un par de títulos, tres máximo, si uno de ellos era especialmente denso. Este año he empezado al menos cuatro que se han quedado a medio camino. No están descartados, no aún. Se apilan en la mesita de noche. Los iré leyendo, porque son buenos, algunos muy buenos, pero algo pasa que me hace saltar a otro. ¿Será que ya estoy irremediablemente intoxicada por los hábitos 2.0, no más de quince minutos de atención a cada cosa? Espero que no. Hay esperanza. 

Hay esperanza porque por la mañana terminaba un libro al que solo le he sido infiel porque me llevé otro de viaje, y si hice eso era porque le quedaban veinte páginas y no quería llevarme dos. Y por la tarde me planté en la FLIA - Fira de Llibres Independents Autoeditats, a acreditar mi condición de fan nº 1 de Lindero Libros. No solo les compré los dos fanzines que no tenía aún, también di una vuelta. Mucho fanzine bonito, pero me tira lo que me tira y acabé hojeando libros en la parada de LaBreu Edicions
Este me llamó la atención. 

Leí la contraportada y el índice, escogí un cuento. Leí dos párrafos. 12€, me lo llevo. El vendedor (y probablemente, uno de los editores), solícito, me pregunta si conozco la editorial, -no-, la colección, -no-, el autor, -no-. Mis tres escuetas negativas le hacen agachar la cabeza, mustio, y querer limitarse a cobrar, pero córcholis, es una feria, cuéntame, soy toda oídos. 
Me dice que el escritor, David Bezmozgis, es discípulo de Sergei Dovlatov, que ambos estaban publicados solo en castellano, y que en esta colección les publican por primera vez en catalán. Me da algún detalle más de Dovlatov y Bezmozgis pero no hace falta, ya he añadido un libro del primero a mi compra, no el que me dice que es el más conocido (La maleta) sino el otro (El compromís), me la juego (uy, sí, cuidado). 

Yendo para casa le doy vueltas a algo. Un libro que compré el año pasado, antes del viaje a Roma. Compré tres, el de Enric González, Todas las historias y un epílogo, (que contiene las Historias de Roma, aunque ese ya lo tenía), uno de Niccolò Ammaniti, Que empiece la fiesta y sí, vaya, el otro era El mundo libre, de David Bezmozgis. 


Valga decir que antes de la visita a Roma solo me leí el de González, resultó muy útil. 
El de Ammaniti me lo leí, meses después del viaje, casi en dos sentadas, la de ida y la de vuelta, de un viaje a Lleida en el que reír como me reí fue providencial, sobre todo a la ida, para calmar la ansiedad. A carcajadas, oigan. 
Quedaba el de Bezmozgis, que guardaba cola en el estantería de los libros por leer, he perdido la cuenta.  
El sábado por la noche empecé el que había comprado en la feria. Leí dos cuentos antes de que se me cerraran los párpados. El domingo me leí los otros. Todos. Libro finiquitado. 

Ah sí, las casualidades causales: Bezmozgis es letón, pero se crió en Toronto, y allí basa el libro de cuentos que he leído. Alice Munro es canadiense, y la mayor parte de los cuentos de Odi, amistat, ... están ambientados en Toronto. 

Anoche empecé El mundo libre. Me pulí 50 páginas, pim, pam. Creo que este no lo abandono.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Una noche cualquiera

Vas a un evento organizado por La Fonoteca porque Boyscout te ha liado, a ti, a Cafeína, el Inquilino, Rayuelo y un par de incautos más.

Es en Be Good, local que creo que pisé por última vez cuando los años tenían un 19 delante.
Cuesta 7 eurillos, una ganga para los tiempos que corren. Aunque no conozcas a ninguno de los grupos que tocan, qué importa. Medievo, El Pardo y Tejero. La mitad de mi TL tuitero parecía que iba a ir, y son modernos, yo no quiero ser moderna pero me gusta fingir que le sigo el pulso a la actualidad de la escena musical underground. Finjo muy mal.

En Medievo, el de Manos de Topo. Las primeras canciones me cuestan, luego me dejo llevar por los visuales y no me entero de las letras, que parece que molan. Bien.

Entre grupo y grupo salimos a la calle. La juventud se hace fotos a las puertas del local, yo fumo, eso que ya es anticuado y que pronto tendré que hacer sola, pero alguien tiene que quedar.
Entramos y nos cuentan que el de Manos de Topo le ha entrado a Cafeína, si entendí bien atusándole el pelo o haciéndole cosquillas en el cuello, o las dos cosas. Al girarse y ver al Inquilino y las Torres Gemelas se disculpa diciendo que pensaba que era su amiga Clara (o algo así) y en su defensa les muestra fotos de ella, alguna en un yate. Risas, una foto, y todos tan amigos.


El Pardo es un grupo ¿punk? de Madrid, de letras arrojadizas. No es para nada mi tipo de música y sin embargo me gustan, toda esa rabia contra la situación actual escupida de forma algo burda pero efectiva.


Finalmente, Tejero. Que me dicen que son todos de TV3. Que no me dicen nada. Tan poco me dicen que me parapeto en el taburete que hace poco ocupaba Cafeína y me dedico a mirar lo bien que se lo pasa la gente, coreando canciones, saltando incluso en el hit, "Xavier García Albiol". No sé, parecen majos y tienen maneras transgresoras, pero cantar a la "Marca España" o que "El Rey puede violarte" (titular del nº 2 de la revista Mongolia) con un crop top de lentejuelas y movimientos cimbreantes de cadera hacen que me lo crea poco. O probablemente no entendí nada.

Por el texto quizá pensáis lo contrario, pero me lo pasé en grande.

Cafeína, el Inquilino y servidora nos retiramos prudentemente y los cuatro que estaban de rodríguez se quedaron a hacerse fotos con las celebrities.




¿Quien tiene la famosa foto con Miguel Ángel Blanca en un PS? Llevo media hora buscando y nada. 

martes, 24 de septiembre de 2013

La boda



Patricia, nuestra Walkiria, se ha casado.
Quién lo iba a decir. Como le pusimos en su camiseta de la despedida de soltera, “Yo era gótica y me caso de blanco y por la iglesia”. 
Se casó, con Luis, el día del aniversario de los cinco años de relación, los cuatro primeros a distancia, el último ya viviendo juntos. 
Han querido celebrar su amor ante familia y amigos, porque eso son las bodas, celebraciones del amor. 

La novia estaba radiante y feliz. Guapa, guapísima, no hace falta que lo diga. Porque no lo estaba, lo es. Y con tanta felicidad era imposible no lucir espléndida. 
El vestido, maravilloso. El recogido, discreto, precioso. El maquillaje, imperceptible, resaltando sus ojos verdes. Al menos el sábado eran verdes. 
El novio no desmereció. Igual de radiante y feliz, y también muy guapo. 
Me gustó que fuera casi tan protagonista como la novia. Todos hemos ido a bodas en las que el novio es un mero comparsa, alguien que tiene que estar ahí porque la novia se tiene que casar con alguien, pero dónde todo el protagonismo recae en ella. No fue el caso. 

Los invitados intersimbólicos, superando expectativas. Los chicos guapísimos y rezumando elegancia con sus trajes negros ajustados, las chicas guapísimas cada una en su estilo, algunas habiendo pasado por una chapa y pintura profesional (operación estupendas para la boda - stop pelo encrespado), peinadas y maquilladas, estupendas, casi todas subidas en tacones imposibles y adornadas con nuestras mejores galas. 
Lamentamos unas cuantas ausencias, esta visto que nunca hay felicidad completa. 

El día, como todo el fin de semana largo que hemos disfrutado en Pamplona, soleado y cálido. 

La ceremonia, bien. Aunque casi todos estamos bautizados y somos por tanto católicos hasta que no apostatemos, pocos comulgamos con la iglesia. Obviando sermones y demás, decir que los “sí, quiero”, los anillos y las arras nos emocionaron. Pequeña regañina al novio por no llegar puntual y no poder esperar a la novia en el altar. En su descargo diré que hay mil protocolos de boda, he visto novios entrar tres pasos por delante de la novia, pero creo que es más bonito que el novio espere en el altar. A ser posible, hecho un manojo de nervios. 
Rapapolvo sin paliativos a muchos de los invitados del novio, que entraron detrás de la novia, y aplauso a los invitados de la novia, todos en sus puestos, sentados en la bancada izquierda, diez minutos antes de las seis. 

El convite fue en un palacete alejado del centro, elegante y señorial. El aperitivo se sirvió fuera, en una terraza un poco justa de espacio, pero agradable. El asalto al jamón fue épico pero fallamos en la caza de pinchos, canapés, vasitos de cositas y cucharitas con delicatessen porque no estábamos bien situados, haber llegado antes. 
Un cuarteto de cuerda amenizó con adaptaciones de canciones y fue una pena que no tuvieran ningún tipo de amplificador, porque jugar a adivinar qué tocaban fue divertido: "Sweet child o’mine", una de Metallica, una de Dylan (o de los Beatles que Dylan adaptó) fue todo lo que captamos.  

Fotos por grupos y a la mesa. 

La entrada al salón de los novios, bajando unas escaleras, fue el momento más kitsch. No hubo tarta ni sable, pero ese humo... Lo salva que el cuarteto de cuerda tocara “Heroes”. 


El novio hizo un discurso emocionante. La novia, emocionada, solo pudo agradecer nuestra presencia. 

La cena que se sirvió, pantagruélica. Tres entrantes, ensalada de langostino y carabinero, carpaccio y cocochas, con los que ya habíamos cenado, pero eran solo eso, entrantes. Lubina salvaje y solomillo, los platos principales, con sorbete de manzana entre uno y otro. De postre, una tulipa de chocolate con ya no recuerdo qué dentro y helado de no sé qué acompañando, del que no dejé rastro, con un vasito de mistela para ayudar a bajar y digerir. Café, copa y puro. 

Antes del postre, la novia dio el ramo. Cuatro ramos de hecho. Tres versiones mini del suyo, entregadas a la madre del novio, y a su tía y su hermana, y su ramo, el de la novia, entregado a Lourdes. La Baronesa no se lo esperaba, no nos lo esperábamos nadie, y nos puso la lágrima en la esquina del ojo a todas. Lourdes se emocionó y lloró, porque se lo merece más que nadie. Precioso gesto, Patricia. Igual haces que vayamos de boda otra vez. 


El baile lo abrieron los novios, como toca, bailando “More than this”, que no es tan habitual. Después, sucesión de grandes éxitos para todos los públicos. Bailé alguno, pero me perdí muchas cosas por motivos que no vienen al caso. Me han contado que a la novia le quitaron la liga con los dientes, y que los que se habían marcado el zapateado flamenco, que sí presencié, se marcaron un “Gangnam style” apoteósico. 

Como solo llevábamos nueve o diez horas de jolgorio, breve visita al hotel para despojarnos de nuestras mejores galas y esos potros de tortura modernos que son los tacones de más de tres centímetros, y a la reunión clandestina o “Peineta pop”, a rematar la noche. Aunque hubo demasiadas peticiones que el dj no pudo satisfacer, por fin la música fue acorde con los gustos de los novios y los nuestros, perfecto fin de fiesta para un día que si para los novios será inolvidable, para muchos de nosotros, también. 

Gracias Patricia y Luis por hacernos partícipes de vuestro enlace. Por si era la última gran boda a la que asistimos, como dijo Anna, estuvimos dándolo todo :-)