lunes, 15 de noviembre de 2010

Interpol

Spare me the suspense... Así empieza Mammoth, uno de los mejores cortes de "Our love to admire". Pues, sí, nos ahorraron el suspense, más allá de los veinte minutos que tardaron en salir, pocas sorpresas hubo en su concierto el pasado domingo.
Repaso a su último álbum (habrá que echarle un oído, algunas de las canciones eran muy buenas, y como dijo el Feo de Entrecopas, el single fue de las que sonaron más afinadas) y buen repaso a Our love to admire (Mammoth, Rest my chemistry), Antics (Evil, Slow hands) y Turn on the bright lights (Obstacle 1, NYC, PDA?)
Algunas de las canciones más bailongas las aceleraron, innecesariamente a mi parecer, con lo que perdieron matices e intensidad (en eso coincidimos todos). En las pausadas se explayaron creando atmósferas densas. Sonó bien, Guti cantó mejor, y fue un buen concierto, pero no fue conciertazo. Aun ha de llegar el día en que salga extasiada de uno de sus sets. Pero visto lo visto, con un buen concierto hay para darse con un canto en los dientes.
Lo peor:
- Los seguratas de la puerta que te dejan la entrada en la mitad, y lo peor, ¡quitando la parte donde sale la fecha! ¡Que servidora las colecciona! grrr
- El público, de nuevo mezcla extraña de perroflautas, siniestrillos de medio pelo, modernetes de rigor y alguno que pasaba por allí. Muchos de ellos superfans, pero bailando desacompasados, o como la Melody (sí, la del baile del gorila)

sábado, 13 de noviembre de 2010

Crítica de concierto: chk chk chk


Todo empezó buscando un lugar donde comer un bocadillo de tortilla. Despúes de varios intentos fallidos encontramos un bar de viejo trapasao a pakis que nos sirvieron al momento al ritmo de Enrique Iglesia y Eros Ramazzoti.

Llegamos fríos a la sala anexa de St. Jordi, un lugar que ya de por sí parece la antesala de las cámaras de gas. De lejos ya vimos que aquello no estaba lleno. y efectivamente, no habría mas de un tercio del aforo. No podriamos decir que tipo de gente había: unos cuantos cumbayas por aquí, unos maquineros por allá, pero en general la edad tiraba para arriba y en su mayoría de tíos.

Nos ahorramos Four Tet y los anteriores para llegar con fuerza. Para cumplir con el protocolo nos acercamos a la primera fila pensando que sería un infierno, pero no, había espacio suficiente y la gente parecía bastante tranquila.

Salío Nic Offer ya marcando barriguita y caderas y con una gabardina a lo Colombo dandolo todo desde el principio. Y así fue desgranando repertorio combinando lo nuevo con lo viejo. Tocó AM/FM, Giuliani, Intensify, Heart of Hearts, Must be The Moon, All my friends..., en fin todo los hits.

Nic se pasó mas de un tercio del concierto cantando entre la gente y metiendole una bocinazos al primero que se le acercaba. Saltó la valla mínimo diez veces. Una vez sube y llevaba la bragueta abierta y dice "cada vez que bajo me hacéis lo mismo". En otra una tía le dió una tarjeta, y el entendió que "era para una fiesta privada con chicas". Nos pasó rozando en una ocasión y tuve la tentación de tocar al Dios del Ritmo para que me diera su poder.

Pero solo con pasar a nuestro lado se obró el milagro: boyscout comenzó a batir sus caderas como en las mejores sesiones del Mond, Gwen saltó al ritmo batusi como en los mejores PS, y yo saqué mis mejores pasos del James Brown de Hospitalet.

Y poco mas puedo decir, la imparable máquina del ritmo sigue viva. Nosotros también.

domingo, 7 de noviembre de 2010

estA Es la juventUD del PAPA!

Iba hoy camino a casa cuando me he cruzado con un grupo de esos holligans del papa, avanzaban calle abajo con gran parafernalia de banderas y gritos de “esta es la juventud del papa”, como lo oyen, porque lo increíble es que la mayoría deberían estar por la quincena, jóvenes prepuberes, cachorros de inditex vestidos como dictan las revistas de tendencias, pequeños idiotas que sin pestañear me hubieran arrancado el corazón si escuchan el me-ca-gon-dios que se me ha escapado al verlos llegar. Como se alcanza tal grado de idiocia, eso es un puro misterio para mi, está científicamente demostrado que la gente en bandada se asubnormala cosa mala, vamos, el mismo grado de gilipollismo extremo que encontramos en los ultra del barça o en los activistas de greenpeace había echo mella en los tiernos cerebritos de estas nuevas juventudes hitlerianas. Pero lo más extraño es que aunque los primeros tienen a Messi y los segundos la rebeldía panfletaria, a estos últimos nos les encuentro otra motivación que el desgarro anal, la estrechez de miras y una vida de total insatisfacción sexual, todo con la única promesa de una vida mejor en el más allá, una promesa que les hace un julai vestido de carnaval que se me mueve por ahí en una caja antibalas rodante, lo que se conoce como un vehículo a prueba de muerte.

Odio las low-cost, viva Manchester


Pasar un fin de semana que no ha llegado a las 48 horas-party-people en un suspiro y que me toque cagarme en EasyJet es mala suerte. Porque la noche del viernes le toca al Barón. Estoy deseando leerlo.

Bueno, a lo mío. EasyJet. Odio las low-cost, a la mierda la democratización del aire, yo era más feliz cuando solo volaban los ricos y te trataban a cuerpo de rey. Ahora vuelas por dos duros pero te intentan sacar diez con la excusa más perigrina, amén de tratarte como ganado. No, peor, mi padre cuando carga terneras las trata con más cariño.
Lo de no asignar asiento es una gilipollez que crea situaciones ridículas: adorables Mildreds corriendo por la pista hacia el avión atizando con su maleta al infortunado que tengan cerca para poder colocar equipaje y culo. Lo de que solo puedes llevar un "bulto" y que dos maleducados azafatos de tierra te obliguen a embutir el bolso en la maleta, otra.
Azafatas de avión antipáticas y groseras, servicio a bordo justito. En fin, si puedo, como Continental, nunca mais.
Nada que ver con la vuelta de hoy con Monarch, compañía que queda colocada en lo que yo llamo medium-cost, o sea, tarifas bastante baratas y trato más que decente, volaré con ellos si tengo ocasión sin dudarlo.

Pero una vez pasado el pataleo, debo decir que hay que volver a Manchester, ¡solo hemos estado en tres pubs! Eso sí, en uno de ellos, el más pequeño de la ciudad, tuvimos la suerte de caerle en gracia a la simpática propietaria y estar charlando amigablemente con ella un buen rato.

En la calle, cualquiera a quien le preguntes intentará ayudarte (flipan de que alguien quiera hacer turismo en su ciudad) y hasta los borrachos son simpáticos y a falta de español te explican su vida en un francés (con muy buen acento) y te dan un par de besos antes de irse.

Y las discotecas, ay, ¡qué lujo! Del indie pasan al tecno en lugar de al fifties-sixties, pero mientras son indie, gloria. Oir en la misma noche a Pulp, Oasis, New Order, Joy Division, Stone Roses, Blur, The Strokes, Smiths, Franz Ferdinand, Artic Monkeys y un montón de canciones que no conocíamos pero igual de buenas, ya no pasa en Barcelona. Vaaaaaaaaaaale, supongo que el hecho de que la mitad de los nombrados sean mancunianos ayuda, un poquito. Pero déjate, a los djs aun se les puede pedir música y ¡la ponen! Hemos bailado en la discoteca de uno de New Order, y hemos dejado el pabellón de los puretas españolitos bien alto. Cuando el Barón haga su crónica, me entenderéis.

Por si todo esto, y más, no fuera bastante, encima nos ha hecho un tiempo espatarrante (pareado), frío con sol. De lujo, como la compañía, las discotecas y el hotel.
Deseando volver.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Una sensación extraña


Gael se levantó con una sensación extraña. Tenía escalofríos como cuando tienes fiebre. Miró el reloj, eran casi las diez. Abrió la persiana y vio como el paisaje había cambiado totalmente. No podía creer que estuviera ocurriendo.
Corrió al armario en búsqueda de alguna ropa de abrigo. No hubo suerte, decidió en la última mudanza tirar toda la ropa que nunca se ponía, entre ella los jerseys. Tomo lo que pudo: tres camisetas, dos vaqueros, tres calcetines de hilo escocés, unas bambas y un par de sabanas como si fueran una capa.

Bajó por las escaleras por miedo a quedarse atrapado en el ascensor. Nada mas abrir la puerta se encontró con Pau, el vecino de al lado. Estaba en bermudas y tirantes con su videocámara haciendo una panorámica de la calle evitando tiritar.

- Vaya día ¿no? –dijo Gael en tono irónico- seguro que no habías grabado nada igual.
- Te puedes creer que nunca antes había visto nevar.
- Ni tú ni nadie de nuestra generación. Ya sabes, todo el rollo ese del calentamiento global, al final era verdad.
- Sí, bueno voy a seguir grabando. A lo mejor lo envío a la tele y me lo emiten.
- Ok, suerte. Nos vemos.
Gael, siguió andando camino a la avenida principal. No había nadie por la calle. Por las ventanas se vislumbraba caras preocupadas, absortas por el espectáculo.
En la esquina se encontró con una chica que estaba llorando en el suelo.
- Te puedo ayuda. Dijo
- No consigo dar más de dos pasos sin resbalarme. Y tengo mucho frío.
Gael la ayudó a incorporarse y la acompañó hasta la portería de su casa.
- Gracias –dijo entre sollozos la chica- maldita nieve, no lo hubiera conseguido sin tu ayuda.

En la avenida los coches estaban parados, algunos aun encendidos. Los semáforos cambiaban de color sin ton ni son. Solo logró ver a dos abuelos que miraban con la boca abierta al cielo en medio de la calle.

Volvió a casa, tras algún resbalón. Tomó el teléfono y llamó a su padre.
- Papa, está nevando.
- Sí ya lo veo. Balbuceó como si no fuera con él.
- ¿Crees que significa algo, que el clima va a volver a ser como en tus tiempos?
- No seas inocente Gael, todo está perdido. Hace mucho tiempo ya.
- Que vas a hacer ahora Papa.
- Salir a dar una vuelta, aun conservo un abrigo. Tiraré unas bolas de nieve contras las farolas. Luego volveré a casa, me tomaré una copa de vino, miraré por la ventana y seguramente me pondré a llorar.

Crítica in-edit: Venid a las cloacas


Cuando era pequeño mi madre me llevaba al mercadillo de la Satélite que hacían los jueves. Recuerdo que andabamos por descampados de escombros y de poblados gitanos. En la Satélite había edificios altísimos, las calles estaban sin asfaltar y los chavales tenían peor pinta que en mi barrio. Aún recuerdo a los de la calle Ciprés, los mas chungos.

De la Ciudad Satélite -actual Sant Ildefons- salió la Banda Trapera del Río, un grupo de rock que parecían punks y que escupían la rabia del barrio marginal.

"Venid a las cloacas" narra la historia de este grupo a través de fotos, el relato de sus protagonistas y algun video guarro. Un grupo con una vida llena de altos y bajos por la personalidad de sus componentes y el exceso de alcohol y drogas.

Lleno absoluto por un público cuarentón de extrarradio y la parte correspondiente de modernillos jovencitos. Bajo la pantalla se colocaron la batería y la guitarra de los dos miembros muertos: tio modest y Juan, uno de los que tuvo las mejores intervenciones en el documental.

Un documental en definitiva que te hace sentir la fuerza y la mala leche de la Trapera.

lunes, 1 de noviembre de 2010

In-edit: Monterey Pop


Otra de Pennebaker, en este caso, el primer documental filmado sobre un festival, el de Monterey, celebrado en 1967, dos años antes de Woodstock.

Bien filmado, recoje una, a lo sumo un par de canciones de los artistas que por allí pasaron, con algunas imágenes realmente bellas (los contraluces de Otis Redding son preciosos).

The Mammas & the Papas abren el documental, y una de sus canciones lo cierra acompañando algunas de las escasas imágenes que muestran el público. Simon & Garfunkel en plan coro de iglesia (de niñas), The Who destrozando guitarras, igual que Hendrix, que la quema, antes de follársela. Janis Joplin enfundada en un conjunto blanco con brillos, guapísima, epatando a la cantante de Mammas&Papas, y a todo el público, con sus aullidos desgarrados, Jefferson Airplane, Canned Heat, The Animals cantando el Paint in black de los Stones (Hendrix canta Wild thing, de los Troggs - que tampoco la escribieron, según la wiki -) y para el final, la actuación de más de diez o quince minutos de Ravi Shankar y su sitar, seguida atentamente en el festival, con Hendrix entre el público, y con menos atención entre los que estábamos en el Aribau Club 1: un docu a las cuatro de la tarde es lo que tiene.

Como en el de Bowie, se echa de menos más información, alguna entrevista, o alguna chorrada soltada por el público.

Choca ver que las actuaciones las siguieron sentaditos ordenadamente en sillas, y no sorprende nada ver que modernos ha habido siempre, y que el más pintón es el que sale en la foto.